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Boletín

Serie: Estudio del libro de Apocalipsis - Mensaje 1

Tema: Las palabras de esta profecía

Base bíblica: Apocalipsis 1

Propósito: Que los discípulos y discípulas sepan que el libro de apocalipsis es la revelación de Jesucristo y se escribió para animar a los discípulos que sufrían persecución en el primer siglo, además, las palabras de esta profecía todavía tienen el mismo objetivo para los discípulos del siglo 21.

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UN BROCHE DE ORO DIVINO

Cuando Dios decidió terminar de escribir su Palabra, lo hizo por medio de la revelación gloriosa de su Hijo a través de Juan uno de los doce apóstoles, fue su broche de oro para concluir la revelación de sí mismo y de su plan para el universo.

Hoy, estamos necesitados de saber hacia donde va el mundo, pero no por simple curiosidad, sino para ser fortalecidos y animados, para  ser vencedores, abrazando y cumpliendo la misión de Dios, en medio de una generación que se opone a la voluntad de Dios.

Para muchos, el Apocalipsis les parece un libro fantástico, y frecuentemente es dejado de lado, en parte porque su simbolismo lo hace oscuro. Pero a medida que uno crece en la comprensión de la Biblia, más de él se vuelve reconocible y familiar. La razón por la que nos parece fantástico es debido al estilo apocalíptico en el que fue escrito, por eso no puede ser leído a la ligera, sino con diligencia, con la seguridad que el Espíritu Santo entregará sus tesoros a aquellos que los buscan.

El Apocalipsis nos da a conocer a Jesucristo y nos revela su plan victorioso sobre todos sus opositores. Además nos promete felicidad al leer, escuchar atentamente y obedecer sus mandamientos: “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.” Ap. 1:3.

 Iniciamos la serie de predicaciones sobre este maravilloso libro de la Palabra de Dios, cuyas imágenes son un grito sonoro de victoria, que a través de todos los siglos resuena diciendo poderosamente  acerca de nuestro Señor Jesucristo: Él Reina.

 

DIOS ES NUESTRO PADRE PROVEEDOR

No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o con qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Mat 6:31-33


 Dios se nos revela como nuestro Padre que está en los cielos y quien está dispuesto a proveernos todas las cosas de la vida, contrastando con la práctica gentil de vivir entregado con afán a buscar tales cosas.

 La palabra codiciar significa simplemente desear con un deseo muy intenso, muy fuerte. La palabra puede ser usada tanto en sentido bueno como malo. Hay ciertas cosas que deberíamos desear o codiciar. Podemos desear cosas buenas y lícitas. Además, cada persona tiene el derecho de poseer bienes, adquirir posesiones y usarlos. El derecho de la propiedad privada se establece en el octavo mandamiento que prohíbe el robo.

 El décimo mandamiento usa la palabra codiciar en sentido negativo; se refiere a un mal estado mental. La codicia mencionada aquí es un deseo excesivo, un anhelo profundo y un afán por las cosas de este mundo que pone de manifiesto que hemos puesto nuestros corazones y afectos en ellas. En este sentido la codicia se convierte en un acto de idolatría, que elimina a Dios del primer lugar del corazón del ser humano.

Los hombres que buscan su felicidad en el dinero, aquellos que confían en el dinero y lo atesoran muy pronto llegan a amarlo. Aún más, muy pronto el dinero les domina y les controla. Aún podemos decir que llega a ser “su dios” porque la totalidad de sus vidas, sus pensamientos y aún sus emociones se centran en ello. Aunque no se percaten de ello, pronto su voluntad misma estará esclavizada por el amor al dinero. Por fin, todo estará subordinado al dios de las riquezas. De tal modo que su forma de ver todas las cosas, toda su perspectiva terminará afectada e influenciada por el dinero. Entonces el amor al dinero se convierte en la raíz de toda maldad en ellos.

Los discípulos de Cristo, por el contrario, teniendo nuestro amor enfocado en Dios, buscamos que su Reino y su justicia se manifiesten en todas nuestras acciones y decisiones. Tenemos una batalla contra la codicia por las cosas de este mundo, nuestra codicia es porque deseamos conocer más y más a nuestro Dios y extender el olor de su conocimiento en todo lugar.

 
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