La amnistía de la Cruz
Al revisar en el diccionario la definición de amnistía: olvido legal de delitos, que extingue la responsabilidad de sus autores, tenemos que reconocer que la mayor de todas las amnistías sucedió en la cruz del Calvario cuando nuestro Señor clamó al Padre: Perdónalos porque no saben lo que hacen. Allí, el Señor Jesucristo, víctima de nuestros pecados y delitos, solicitó la amnistía divina, el olvido eterno de pecados por parte de Dios.
Este olvido de parte de Dios, que es uno de los aspectos gloriosos de la obra de Cristo en la cruz, no dependió de la solicitud de perdón de los que estaban al pie de la cruz, al contrario algunos de ellos se burlaban de él, milagrosamente uno de sus verdugos se convirtió confesándolo como verdadero Hijo de Dios. El perdón de nuestros delitos y pecados está a la disposición de toda la humanidad, pero sólo los que lo reciben por fe pueden disfrutarlo.
Una amnistía deja de serlo cuando su otorgamiento depende de la aceptación de la parte responsable, es la parte ofendida la que la otorga para liberar y liberarse de las acciones ofensivas. El perdón libera al ofensor, pero sobre todo al ofendido.
Lo ilustra muy bien una historia de Corrie Ten Boom, la cristiana holandesa que convirtió su casa en 1942-43 en un refugio secreto ocultando refugiados judíos durante la Segunda Guerra Mundial.Los nazis la arrestaron junto a toda su familia en 1944; fueron enviados primero a prisiones holandesas, y finalmente al conocido campo de concentración Ravensbruck en Alemania. Corrie fue liberada al final de la guerra, tan sólo unos pocos días después de la muerte de su hermana Betsie.
Su predicación se centró en el Evangelio Cristiano, poniendo especial énfasis en el perdón. En su libro Tramp for the Lord (1974), cuenta cómo, después de haber estado predicando en Alemania en 1947, se le acercó uno de los guardias más crueles del campo de Ravensbrück. Naturalmente, era reacia a perdonarle, pero escribió que fue capaz de perdonar, y que después: “durante un momento largo nos estrechamos las manos, el antiguo guardia y la antigua prisionera. Nunca había sentido tan intensamente el amor de Dios como lo sentí entonces”. También escribió (en el mismo pasaje) que en su experiencia en la posguerra con otras víctimas de la brutalidad nazi,“aquellos que fueron capaces de perdonar son los que mejor pudieron reconstruir sus vidas”.
La reconstrucción de la vida de cada individuo es posible en la medida que perdona y que olvida la culpabilidad del que sabe que es culpable, no en la medida que ve al culpable castigado.
Nuestro Señor, desde la cruz, amnistió o dio su perdón, aún sabiendo que éramos culpables y que habrían muchos que no les importaría y que no lo agradecerían, sin embargo, no quedó atado a nuestras respuestas, sino que hasta ahora sigue amando y dando la oportunidad de arrepentimiento a todos.


