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¿PROFETAS A LAS NACIONES O COMUNIDAD PROFÉTICA EN LAS NACIONES?

“Dios,  habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo,  a quien constituyó heredero de todo,  y por quien asimismo hizo el universo.”  Heb 1:1-2.

 

La profecía, según la palabra de Dios, es uno de los dones dispensados por el Espíritu Santo a los santos en esta época neo-testamentaria:

 “A otro,  el hacer milagros;  a otro,  profecía;  a otro,  discernimiento de espíritus;  a otro,  diversos géneros de lenguas;  y a otro,  interpretación de lenguas.” 1ª. Cor.12:10.

Sin embargo, es necesario que los líderes, es decir los Ancianos de la Iglesia de Cristo: apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, que tenemos el privilegio de servir y entrenar a los a los santos, estemos entendidos de las ampliaciones y limitaciones que tal don tiene entre el Antiguo  y el Nuevo pacto.

“Y él mismo constituyó a unos,  apóstoles;  a otros,  profetas;  a otros,  evangelistas;  a otros,  pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio,  para la edificación del cuerpo de Cristo,” Efesios 4:12

Aunque hay hermanos que no reconocen todos estos dones debido a una teoría de interpretación en la que eliminan algunos de esos dones, por considerarlos temporales, la manera sana de interpretación del sagrado texto, nos lleva a reconocer y recibir humildemente todos los dones que a nuestro Dios le ha placido darnos para edificar a su pueblo.

La profecía es un mensaje de Dios al ser humano, a través de un siervo por él escogido llamado profeta. El mensaje puede ser prescriptivo, predictivo o ambos. La profecía en la Biblia es prescriptiva en el sentido que “receta u ordena remedios” para los oyentes. En la Biblia encontramos que  los profetas identificaban la enfermedad del pueblo de Dios u otras naciones: su pecado, declarando el abandono específico del camino de Dios y luego “recetaban” el remedio: volverse al pacto, a la obediencia de los mandamientos del Señor.

“Voz que decía: Da voces.  Y yo respondí:   ¿Qué tengo que decir a voces?  Que toda carne es hierba,  y toda su gloria como flor del campo. La hierba se seca,  y la flor se marchita,  porque el viento de Jehová sopló en ella;  ciertamente como hierba es el pueblo. Sécase la hierba, marchítase la flor;  mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.”  Is. 40:6-8 

Por otro lado, es predictiva ya que anuncia hechos futuros, acciones divinas que serán realizadas más allá del día y aún de la vida, del horizonte, de sus oyentes. 

“Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos;  porque yo soy Dios,  y no hay otro Dios,  y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio,  y desde la antigüedad lo que aún no era hecho;  que digo:  Mi consejo permanecerá,  y haré todo lo que quiero”  Is. 46:9-10.  

La profecía para el pueblo del Nuevo Pacto se amplía porque ahora todos pueden profetizar, el Espíritu es derramado sobre toda carne, los jóvenes y viejos, varones y mujeres, aún los menospreciados y menospreciadas: siervos y siervas, pueden llevar la palabra de Dios que antiguamente era el privilegio de algunos pocos.

 

Y en los postreros días,  dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Vuestros jóvenes verán visiones,

Y vuestros ancianos soñarán sueños;

Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

Derramaré de mi Espíritu,  y profetizarán.” Hechos 2:17-18

 

 También se amplía porque ahora, a diferencia del pasado, ha llegado el Reino prometido aunque no en su plenitud. El Ungido anunciado (Rey, Profeta y Sacerdote) se ha hecho presente entre los hombres, es Emanuel (Dios con nosotros), estamos viviendo tiempos de cumplimiento que los justos y profetas del Antiguo Pacto desearon ver y escuchar. 

“La ley y los profetas eran hasta Juan;  desde entonces el reino de Dios es anunciado,  y todos se esfuerzan por entrar en él.” Luc. 16:16 

“Preguntado por los fariseos,  cuándo había de venir el reino de Dios,  les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán:  Helo aquí,  o helo allí;  porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros.” Luc. 17:20-21. 

“Luego el fin,  cuando entregue el reino al Dios y Padre,  cuando haya suprimido todo dominio,  toda autoridad y potencia.” 1ª Cor. 15:24  

“Porque de cierto os digo,  que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis,  y no lo vieron;  y oír lo que oís,  y no lo oyeron.” Mat 13:17. 

 

El don de profecía está limitado porque ya no hay profetas a la manera del tiempo antiguo testamentario, y a diferencia de aquel tiempo, hoy tenemos un solo mensaje que las naciones deben escuchar y obedecer para ser bendecidas: El Evangelio acerca de nuestro Señor Jesucristo. 

“Pablo,  siervo de Jesucristo,  llamado a ser apóstol,  apartado para el evangelio de Dios, que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, acerca de su Hijo,  nuestro Señor Jesucristo,  que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder,  según el Espíritu de santidad,  por la resurrección de entre los muertos, y por quien recibimos la gracia y el apostolado,  para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre;  entre las cuales estáis también vosotros,  llamados a ser de Jesucristo.” Rom 1:1-6.  

La bendición de las naciones está limitada a la aceptación de ese mensaje profético, si lo rechazan están condenadas.  No tenemos la libertad de decir otra cosa, estamos limitados por la Palabra Santa.

No hay profetas a las naciones, eso es tan evidente al considerar un sin número de “profecías o decretos” que en nuestros días hemos escuchado, hasta dando fechas y tiempos de bendición sobre las naciones y éstas siguen igual o peor, porque la verdad es que Dios ha decidido hablar a todos los pueblos por su Hijo.

El anuncio profético de hoy día es que en la obra de Cristo está la bendición de cualquier pueblo de la tierra. Anunciar bendición aparte de la obra de Cristo es ofensivo al Padre, quien ha decretado que a su Hijo se le debe honrar igual que a él. Tenemos que corregir tal forma de profetizar, está desautorizada por la Palabra de Dios. 

“Dios,  habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo,  a quien constituyó heredero de todo,  y por quien asimismo hizo el universo.”  Heb 1:1-2. 

El don de profecía está limitado para la edificación, exhortación y consolación del pueblo de Dios, para la edificación de la comunidad de discípulos a fin de que cumplan fielmente su tarea de testimonio comunitario. Su función está revelada en las Sagradas Escrituras. Es hermoso escuchar en una reunión de santos una “palabra profética” guiada por el Espíritu, que llene el alma de aquel o aquellos que la escuchan, sabiendo que cubre una necesidad específica, del presente o del futuro, puede ser una porción de las Escrituras o alguna palabra a un hermano o hermana para animar o consolar.    

“Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación.”  1ª Cor. 14:3

En la Biblia, en el Nuevo Pacto, quien opera con el don de profecía es llamado profeta, no es un escogido a la manera del A.T. para ser consultado por todo el pueblo. Más bien, es un escogido en Cristo, quien lo da para edificar su cuerpo y lo capacita por su Espíritu para operar en ese don específico. En una reunión de la iglesia, en grupo pequeño, es posible que todos puedan profetizar, sin embargo, el apóstol Pablo da instrucciones específicas para la operación de este don. Ordena que la profecía sea juzgada por los hermanos que la escuchan. 

“Pero si todos profetizan,  y entra algún incrédulo o indocto,  por todos es convencido,  por todos es juzgado” 1ª Cor. 14:24.  

“Asimismo,  los profetas hablen dos o tres,  y los demás juzguen.” 1ª Cor. 14:29.  

Hay quienes entusiasmados por este don han llegado a ponerlo cual si fueran los tiempos de la antigüedad, esperando que los santos del nuevo Pacto, a pesar que tienen el Espíritu Santo y las Sagradas Escrituras, vayan y los/as consulten como si estuvieran frente a un profeta como Isaías, Jeremías u otro del Antiguo Pacto, tal concepción es errada a la luz que nos dan las Sagradas Escrituras. Hay quienes han profetizado a las naciones, sobre quien va a ganar las elecciones, tristemente han fallado. Hubo un grupo de profetas y apóstoles que hace unos años subieron a un monte alto, sino el más alto de la tierra, para derribar el trono de Satanás y liberar de una sola vez a todas las naciones y que así fuesen transformadas.

Su sinceridad no es la cuestionada, sino su ignorancia del plan de redención en Cristo. Ya hubo uno que subió a un monte para destruir las obras del diablo en contra de los seres humanos, fue Jesús el Profeta, quien hace como 2000 años subió al monte de la calavera y allí derrotó a Satanás, no puede ser más derrotado para esta época, Satanás está destronado por la obra del bendito Cordero de Dios en la cruz del calvario, está en espera de ser enviado a su destino eterno: el lago de fuego y azufre. 

Después de resucitar al tercer día y presentarse como ofrenda al Padre, el Ungido o Mesías, subió a la derecha de la potestad en las alturas para reinar eternamente como el verdadero hijo de David, heredero del trono del Reino. Él vive y tiene las llaves del Hades y la muerte, tiene toda autoridad en los cielos y la tierra, tiene el poder de desatar los sellos de los decretos eternos de Dios para ser cumplidos en la historia de la humanidad. 

Desde esa posición de victoria envió su Espíritu de Vida eterna, indestructible, a su pueblo, sus discípulos, a los cuales había mandado que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual los investiría de poder de lo alto. El Espíritu llenó no sólo a los doce sino a los 120, hombres y mujeres, siervos y libres, unos días más tarde a los odiados y despreciados Samaritanos y después a los “inmundos” Gentiles en casa de Cornelio. Desde entonces al convertirse a Cristo cada persona de cualquier nación recibe esa presencia gloriosa del Espíritu Santo, esa Unción bendita, con él somos movidos a todo lugar para establecer el reinado de Jesús el Cristo. Es la tarea de todo santo mantener esa victoria en una batalla espiritual continua, extendiendo el Reino de Dios a toda la tierra hasta que él regrese. 

Lo que Jesús el Cristo (El Ungido: Rey, Profeta y Sacerdote) ha dejado para las naciones no son algunos profetas ungidos sino un cuerpo ungido, una comunidad de discípulos ungidos, una comunidad profética. Los profetas de Jesús el Cristo han sido dados a la iglesia, están ungidos para profetizar y edificar, perfeccionar o equipar a los santos. Pero esa Unción, es la misma de todos los santos, sólo que en cada uno se manifiesta de manera diferente. La meta de esa Unción fluyendo por todos los santos es que maduremos, juntos todos los santos, incluidos los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, hasta llegar a la estatura de Cristo. El legado de Jesús fue su cuerpo, la Iglesia.

La iglesia local en cada sector geográfico, es una comunidad profética en un triple sentido:

  1. Viven  en el presente los valores del Reino eterno que vendrá a plenitud en el futuro.
  2. Declaran el pecado de las naciones, su abandono o menos precio del pacto de Dios en Cristo. Es necesario arrepentirse y volverse a Dios.
  3. Anuncian la buena noticia del reino de Dios, la salvación en Jesús el Cristo, que es necesario creer y obedecer esta fe para recibir todos los beneficios del pacto de Dios.

Jesucristo ha dado el ministerio profético para edificación de su Iglesia y ésta como una comunidad profética para llamar a las naciones a que se vuelvan en arrepentimiento a Dios, crean en Jesucristo, se vuelvan sus discípulos y sean bendecidas. Más o menos de esto está fuera de la voluntad de nuestro Señor.