Get Adobe Flash player


Obispo Juan Manuel Martínez

La amnistía de la Cruz

Al revisar en el diccionario la definición de amnistía: olvido legal de delitos, que extingue la responsabilidad de sus autores, tenemos que reconocer que la mayor de todas las amnistías sucedió en la cruz del Calvario cuando nuestro Señor clamó al Padre: Perdónalos porque no saben lo que hacen. Allí, el Señor Jesucristo, víctima de nuestros pecados y delitos, solicitó la amnistía divina, el olvido eterno de pecados por parte de Dios.

 Este olvido de parte de Dios, que es uno de los aspectos gloriosos de la obra de Cristo en la cruz, no dependió de la solicitud de perdón de los que estaban al pie de la cruz, al contrario algunos de ellos se burlaban de él, milagrosamente uno de sus verdugos se convirtió confesándolo como verdadero Hijo de Dios. El perdón de nuestros delitos y pecados está a la disposición de toda la humanidad, pero sólo los que lo reciben por fe pueden disfrutarlo.

Una amnistía deja de serlo cuando su otorgamiento depende de la aceptación de la parte responsable, es la parte ofendida la que la otorga para liberar y liberarse de las acciones ofensivas. El perdón libera al ofensor, pero sobre todo al ofendido.

Lo ilustra muy bien una historia de Corrie Ten Boom, la cristiana holandesa que convirtió su casa en 1942-43 en un refugio secreto ocultando refugiados judíos durante la Segunda Guerra Mundial.Los nazis la arrestaron junto a toda su familia en 1944; fueron enviados primero a prisiones holandesas, y finalmente al conocido campo de concentración Ravensbruck en Alemania. Corrie fue liberada al final de la guerra, tan sólo unos pocos días después de la muerte de su hermana Betsie.

Su predicación se centró en el Evangelio Cristiano, poniendo especial énfasis en el perdón. En su libro Tramp for the Lord (1974), cuenta cómo, después de haber estado predicando en Alemania en 1947, se le acercó uno de los guardias más crueles del campo de Ravensbrück. Naturalmente, era reacia a perdonarle, pero escribió que fue capaz de perdonar, y que después: “durante un momento largo nos estrechamos las manos, el antiguo guardia y la antigua prisionera. Nunca había sentido tan intensamente el amor de Dios como lo sentí entonces”. También escribió (en el mismo pasaje) que en su experiencia en la posguerra con otras víctimas de la brutalidad nazi,“aquellos que fueron capaces de perdonar son los que mejor pudieron reconstruir sus vidas”.

La reconstrucción de la vida de cada individuo es posible en la medida que perdona y que olvida la culpabilidad del que sabe que es culpable, no en la medida que ve al culpable castigado.

Nuestro Señor, desde la cruz, amnistió o dio su perdón, aún sabiendo que éramos culpables y que habrían muchos que no les importaría y que no lo agradecerían, sin embargo, no quedó atado a nuestras respuestas, sino que hasta ahora sigue amando y dando la oportunidad de arrepentimiento a todos.

 

¿PROFETAS A LAS NACIONES O COMUNIDAD PROFÉTICA EN LAS NACIONES?

“Dios,  habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo,  a quien constituyó heredero de todo,  y por quien asimismo hizo el universo.”  Heb 1:1-2.

 

La profecía, según la palabra de Dios, es uno de los dones dispensados por el Espíritu Santo a los santos en esta época neo-testamentaria:

 “A otro,  el hacer milagros;  a otro,  profecía;  a otro,  discernimiento de espíritus;  a otro,  diversos géneros de lenguas;  y a otro,  interpretación de lenguas.” 1ª. Cor.12:10.

Sin embargo, es necesario que los líderes, es decir los Ancianos de la Iglesia de Cristo: apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, que tenemos el privilegio de servir y entrenar a los a los santos, estemos entendidos de las ampliaciones y limitaciones que tal don tiene entre el Antiguo  y el Nuevo pacto.

“Y él mismo constituyó a unos,  apóstoles;  a otros,  profetas;  a otros,  evangelistas;  a otros,  pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio,  para la edificación del cuerpo de Cristo,” Efesios 4:12

Aunque hay hermanos que no reconocen todos estos dones debido a una teoría de interpretación en la que eliminan algunos de esos dones, por considerarlos temporales, la manera sana de interpretación del sagrado texto, nos lleva a reconocer y recibir humildemente todos los dones que a nuestro Dios le ha placido darnos para edificar a su pueblo.

La profecía es un mensaje de Dios al ser humano, a través de un siervo por él escogido llamado profeta. El mensaje puede ser prescriptivo, predictivo o ambos. La profecía en la Biblia es prescriptiva en el sentido que “receta u ordena remedios” para los oyentes. En la Biblia encontramos que  los profetas identificaban la enfermedad del pueblo de Dios u otras naciones: su pecado, declarando el abandono específico del camino de Dios y luego “recetaban” el remedio: volverse al pacto, a la obediencia de los mandamientos del Señor.

“Voz que decía: Da voces.  Y yo respondí:   ¿Qué tengo que decir a voces?  Que toda carne es hierba,  y toda su gloria como flor del campo. La hierba se seca,  y la flor se marchita,  porque el viento de Jehová sopló en ella;  ciertamente como hierba es el pueblo. Sécase la hierba, marchítase la flor;  mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.”  Is. 40:6-8 

Por otro lado, es predictiva ya que anuncia hechos futuros, acciones divinas que serán realizadas más allá del día y aún de la vida, del horizonte, de sus oyentes. 

“Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos;  porque yo soy Dios,  y no hay otro Dios,  y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio,  y desde la antigüedad lo que aún no era hecho;  que digo:  Mi consejo permanecerá,  y haré todo lo que quiero”  Is. 46:9-10.  

La profecía para el pueblo del Nuevo Pacto se amplía porque ahora todos pueden profetizar, el Espíritu es derramado sobre toda carne, los jóvenes y viejos, varones y mujeres, aún los menospreciados y menospreciadas: siervos y siervas, pueden llevar la palabra de Dios que antiguamente era el privilegio de algunos pocos.

 

Y en los postreros días,  dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Vuestros jóvenes verán visiones,

Y vuestros ancianos soñarán sueños;

Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

Derramaré de mi Espíritu,  y profetizarán.” Hechos 2:17-18

 

 También se amplía porque ahora, a diferencia del pasado, ha llegado el Reino prometido aunque no en su plenitud. El Ungido anunciado (Rey, Profeta y Sacerdote) se ha hecho presente entre los hombres, es Emanuel (Dios con nosotros), estamos viviendo tiempos de cumplimiento que los justos y profetas del Antiguo Pacto desearon ver y escuchar. 

“La ley y los profetas eran hasta Juan;  desde entonces el reino de Dios es anunciado,  y todos se esfuerzan por entrar en él.” Luc. 16:16 

“Preguntado por los fariseos,  cuándo había de venir el reino de Dios,  les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán:  Helo aquí,  o helo allí;  porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros.” Luc. 17:20-21. 

“Luego el fin,  cuando entregue el reino al Dios y Padre,  cuando haya suprimido todo dominio,  toda autoridad y potencia.” 1ª Cor. 15:24  

“Porque de cierto os digo,  que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis,  y no lo vieron;  y oír lo que oís,  y no lo oyeron.” Mat 13:17. 

 

El don de profecía está limitado porque ya no hay profetas a la manera del tiempo antiguo testamentario, y a diferencia de aquel tiempo, hoy tenemos un solo mensaje que las naciones deben escuchar y obedecer para ser bendecidas: El Evangelio acerca de nuestro Señor Jesucristo. 

“Pablo,  siervo de Jesucristo,  llamado a ser apóstol,  apartado para el evangelio de Dios, que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, acerca de su Hijo,  nuestro Señor Jesucristo,  que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder,  según el Espíritu de santidad,  por la resurrección de entre los muertos, y por quien recibimos la gracia y el apostolado,  para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre;  entre las cuales estáis también vosotros,  llamados a ser de Jesucristo.” Rom 1:1-6.  

La bendición de las naciones está limitada a la aceptación de ese mensaje profético, si lo rechazan están condenadas.  No tenemos la libertad de decir otra cosa, estamos limitados por la Palabra Santa.

No hay profetas a las naciones, eso es tan evidente al considerar un sin número de “profecías o decretos” que en nuestros días hemos escuchado, hasta dando fechas y tiempos de bendición sobre las naciones y éstas siguen igual o peor, porque la verdad es que Dios ha decidido hablar a todos los pueblos por su Hijo.

El anuncio profético de hoy día es que en la obra de Cristo está la bendición de cualquier pueblo de la tierra. Anunciar bendición aparte de la obra de Cristo es ofensivo al Padre, quien ha decretado que a su Hijo se le debe honrar igual que a él. Tenemos que corregir tal forma de profetizar, está desautorizada por la Palabra de Dios. 

“Dios,  habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo,  a quien constituyó heredero de todo,  y por quien asimismo hizo el universo.”  Heb 1:1-2. 

El don de profecía está limitado para la edificación, exhortación y consolación del pueblo de Dios, para la edificación de la comunidad de discípulos a fin de que cumplan fielmente su tarea de testimonio comunitario. Su función está revelada en las Sagradas Escrituras. Es hermoso escuchar en una reunión de santos una “palabra profética” guiada por el Espíritu, que llene el alma de aquel o aquellos que la escuchan, sabiendo que cubre una necesidad específica, del presente o del futuro, puede ser una porción de las Escrituras o alguna palabra a un hermano o hermana para animar o consolar.    

“Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación.”  1ª Cor. 14:3

En la Biblia, en el Nuevo Pacto, quien opera con el don de profecía es llamado profeta, no es un escogido a la manera del A.T. para ser consultado por todo el pueblo. Más bien, es un escogido en Cristo, quien lo da para edificar su cuerpo y lo capacita por su Espíritu para operar en ese don específico. En una reunión de la iglesia, en grupo pequeño, es posible que todos puedan profetizar, sin embargo, el apóstol Pablo da instrucciones específicas para la operación de este don. Ordena que la profecía sea juzgada por los hermanos que la escuchan. 

“Pero si todos profetizan,  y entra algún incrédulo o indocto,  por todos es convencido,  por todos es juzgado” 1ª Cor. 14:24.  

“Asimismo,  los profetas hablen dos o tres,  y los demás juzguen.” 1ª Cor. 14:29.  

Hay quienes entusiasmados por este don han llegado a ponerlo cual si fueran los tiempos de la antigüedad, esperando que los santos del nuevo Pacto, a pesar que tienen el Espíritu Santo y las Sagradas Escrituras, vayan y los/as consulten como si estuvieran frente a un profeta como Isaías, Jeremías u otro del Antiguo Pacto, tal concepción es errada a la luz que nos dan las Sagradas Escrituras. Hay quienes han profetizado a las naciones, sobre quien va a ganar las elecciones, tristemente han fallado. Hubo un grupo de profetas y apóstoles que hace unos años subieron a un monte alto, sino el más alto de la tierra, para derribar el trono de Satanás y liberar de una sola vez a todas las naciones y que así fuesen transformadas.

Su sinceridad no es la cuestionada, sino su ignorancia del plan de redención en Cristo. Ya hubo uno que subió a un monte para destruir las obras del diablo en contra de los seres humanos, fue Jesús el Profeta, quien hace como 2000 años subió al monte de la calavera y allí derrotó a Satanás, no puede ser más derrotado para esta época, Satanás está destronado por la obra del bendito Cordero de Dios en la cruz del calvario, está en espera de ser enviado a su destino eterno: el lago de fuego y azufre. 

Después de resucitar al tercer día y presentarse como ofrenda al Padre, el Ungido o Mesías, subió a la derecha de la potestad en las alturas para reinar eternamente como el verdadero hijo de David, heredero del trono del Reino. Él vive y tiene las llaves del Hades y la muerte, tiene toda autoridad en los cielos y la tierra, tiene el poder de desatar los sellos de los decretos eternos de Dios para ser cumplidos en la historia de la humanidad. 

Desde esa posición de victoria envió su Espíritu de Vida eterna, indestructible, a su pueblo, sus discípulos, a los cuales había mandado que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual los investiría de poder de lo alto. El Espíritu llenó no sólo a los doce sino a los 120, hombres y mujeres, siervos y libres, unos días más tarde a los odiados y despreciados Samaritanos y después a los “inmundos” Gentiles en casa de Cornelio. Desde entonces al convertirse a Cristo cada persona de cualquier nación recibe esa presencia gloriosa del Espíritu Santo, esa Unción bendita, con él somos movidos a todo lugar para establecer el reinado de Jesús el Cristo. Es la tarea de todo santo mantener esa victoria en una batalla espiritual continua, extendiendo el Reino de Dios a toda la tierra hasta que él regrese. 

Lo que Jesús el Cristo (El Ungido: Rey, Profeta y Sacerdote) ha dejado para las naciones no son algunos profetas ungidos sino un cuerpo ungido, una comunidad de discípulos ungidos, una comunidad profética. Los profetas de Jesús el Cristo han sido dados a la iglesia, están ungidos para profetizar y edificar, perfeccionar o equipar a los santos. Pero esa Unción, es la misma de todos los santos, sólo que en cada uno se manifiesta de manera diferente. La meta de esa Unción fluyendo por todos los santos es que maduremos, juntos todos los santos, incluidos los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, hasta llegar a la estatura de Cristo. El legado de Jesús fue su cuerpo, la Iglesia.

La iglesia local en cada sector geográfico, es una comunidad profética en un triple sentido:

  1. Viven  en el presente los valores del Reino eterno que vendrá a plenitud en el futuro.
  2. Declaran el pecado de las naciones, su abandono o menos precio del pacto de Dios en Cristo. Es necesario arrepentirse y volverse a Dios.
  3. Anuncian la buena noticia del reino de Dios, la salvación en Jesús el Cristo, que es necesario creer y obedecer esta fe para recibir todos los beneficios del pacto de Dios.

Jesucristo ha dado el ministerio profético para edificación de su Iglesia y ésta como una comunidad profética para llamar a las naciones a que se vuelvan en arrepentimiento a Dios, crean en Jesucristo, se vuelvan sus discípulos y sean bendecidas. Más o menos de esto está fuera de la voluntad de nuestro Señor.

 

Cuando Jacob regresaba de la casa de su suegro Laban hacia su tierra de heredad, se encontró con la realidad espiritual que los dos campamentos físicos que dirigía no agotaban la realidad de su caminata, ángeles de Dios también lo acompañaban , entonces exclamó: Campamento de Dios es este, Génesis 32:1-2.

Dios tiene ángeles que están asignados para ministrar o servir a sus escogidos, ellos los acompañan en el camino que nos toca vivir para el cumplimiento del plan de Dios. Dios está en el trabajo de entrenar o preparar a su pueblo para que puedan reinar eternamente con su Hijo, Jesucristo.

La Iglesia es el Campamento donde Dios reina supremo. El campamento de Dios tiene al menos tres características:

1. El Campamento de Dios es un lugar de salvación. El mundo es un desierto espiritual donde los seres humanos están muriendo de sed, en el Campamento de Dios está presente Aquel que dijo: "...Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva." Juan 7:37-38. La salvación del ser humano es una obra completa de Dios, al enviar a su Hijo para que muriera en nuestro lugar y recibiera el castigo justo que la humanidad merecíamos, resucitó al tercer día, ascendió a los cielos, desde donde envió su Espíritu para que nos convenciera de pecado y así que nos volviéramos en fe hacia Jesucristo como nuestro Redentor y Salvador. El Espíritu Santo es quien nos capacita para ser testigos de Jesucristo.

2. El Campamento de Dios es un lugar de entrenamiento. Los que hemos sido salvados y formamos el pueblo de Dios, estamos siendo preparados en un proceso de maduración o santificación. La meta es que lleguemos a la estatura de nuestro Señor Jesucristo para que seamos su ayuda idónea en el reinado eterno de todas las cosas. "Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén." Apocalipsis 1:5-6.

3. El Campamento de Dios es un lugar de avanzada o crecimiento. Estamos en una caminata continua hasta que podamos ver a Jesucristo cara a cara cuando él regrese. Por eso anhelamos seguir conociendo al Señor, creciendo en él, extendiendo su Reino en toda la tierra, transformando las naciones a través del discipulado. Queremos llenar las ciudades del conocimiento del Señor, de su doctrina, como lo hicieron los cristianos al principio, cuando sus enemigos reconocieron con enojo: "...Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina..." Hechos 5:28. Su doctrina era la obediencia a los mandamientos de su Señor, especialmente "amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas, y a tu prójimo como a tí mismo".  Los discípulos de Cristo debemos estar corriendo la carrera del servicio al Señor, de tal manera que no seamos eliminados, sino que terminemos con gozo esta carrera espiritual, puestos los ojos en Jesús quien es el autor y es el consumador de nuestra fe.

Anhelamos el día cuando toda la tierra sea un Campamento donde Dios habite y reine, que sea la habitación del Dios eterno para ser admirado y adorado por todos los redimidos de todas las edades. Así sea.

Únase a la marcha de de fe de este campamento, este pueblo que por la gracia de Dios hemos sido elegidos para su alabanza eterna.

 

 

DE TRES DÍAS A TRES GENERACIONES

 

El pasado 23-25 de Abril, se celebró la actividad de oración: "Tomando mi Nación para Cristo". Personalmente participé, junto con otros miembros de Campamento de Dios, en un desfile de oración en el Barrio de San Jacinto con congregaciones que tenemos nuestros locales de reunión en este sector. Fue altamente edificante unirnos a otros hermanos para orar, pidiendo por el cese de la violencia y la bendición para el sector sur de nuestra ciudad.

Aparte de lo beneficioso que resultó tal actividad, creyendo que nuestro Dios oyó las oraciones de arrepentimiento elevadas en el nombre de Cristo el Señor, cuyos resultados sólo será posible cuantificarlos en el futuro, especialmente en la eternidad, quiero reflexionar sobre "tomar la Nación para Cristo", lo cual a mi criterio no es posible hacerlo en tres días. 

Desde hace años los evangélicos hemos hablado de tomar la Nación, slogan que se ha enfatizado en tiempos marcados por actividades de oración o campañas de evangelización, congregaciones han gritabado a todo pulmón: El Salvador para Cristo, utilizándolo como lema motivacional para llevar mas personas a congregarse en sus reuniones, parece que algunas tuvieron éxito y llenaron sus locales hasta tener más de una sola reunión dominical.

Pero El Salvador para Cristo se quedó como un slogan publicitario para proselitar miembros de iglesias evangélicas. Nuestro país en lugar de estar bajo el gobierno de Cristo, está en una crisis de violencia y corrupción. Nos equivocamos al pensar que llenando las reuniones o cultos, automaticamente el país cambiaría. ¿Qué debemos hacer? 

Lo primero es que debemos hacer es pedir perdón al Señor, por estar levantando nuestros propios reinos religiosos en lugar de estar ocupados extendiendo el Reino de Dios, por haber aprobado la teología de la prosperidad como algo del Señor, y mucha gente hoy está amando más las cosas que al Señor, algunos traspasados de dolores por su codicia. Debemos pedir perdón por apoyarnos en políticos que sólo usan el Nombre santo del Señor sólo para lograr sus objetivos mezquinos. Fue una lástima que don Tony Saca, tan cuestionado por su estilo corrupto de gobierno, estuviera en primera fila al final del evento principal en el local del Tabernáculo Bautista, parece que identificándose con el fin de ganar el favor de los pastores, algunos de los cuales puede ser que le sean leales.

Lo segundo que tenemos que hacer es discipular a los salvadoreños. Esto significa que tenemos que predicarles el evangelio, no resúmenes, no métodos, sino el evangelio pleno, de tal manera que los que se conviertan entiendan que ellos son discípulos, seguidores de Cristo para obedecer todos sus mandamientos. Hay predicadores que han dicho: "reciba a Cristo, sin ningún compromiso" o "reciba a Cristo, no tiene que cambiar en nada". Eso es herejía porque Jesús siempre llamó a la gente a comprometerse con su Reino, a seguirlo a cualquier costo, a pagar el precio de ser su seguidor, amándolo a él sobre toda otra persona. Los que han reducido el evangelio de esa manera, lo han traicionado, porque han amado el éxito de las muchas "decisiones" para Cristo, pero tristemente han habido decisiones pero no conversiones.

Tenemos que discipular, primeramente (los que somos padres-madres) a nuestros hijos hasta la segunda y tercera generación, nuestro país jamás ha vivido un verdadero avimamiento cristiano, hay que enraizar los valores del Reino en los hogares, debemos criar hijos cuya meta de corazón sea amar a Dios más que tener éxito en los estudios o negocios. ¿Cuantos padres están discipulando a sus hijos?, no digo llevándolos a las reuniones de su congregación, sino si les están modelando el amor a Dios, el gozo de servir a Dios sirviendo a su prójimo, o por el contrario les están enseñándo los mismos deseos mundanos de amor al dinero y al éxito que los hombres no nacidos de nuevo tienen. Tomar una Nación no es cosa de tres días, sino de tres generaciones, debemos retomar la educación de nuestros hijos, de las siguientes generaciones cumpliendo el Gran Mandamiento:

"Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.

 Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.

Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.

Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas." Dt. 6:4-9

 

 

Leer más...